Archivo

Archivo para agosto 6, 2007

VALORES IMPRESCINDIBLES DE LAS COMUNAS SOCIALISTAS

VALORES IMPRESCINDIBLES DE LAS COMUNAS SOCIALISTAS
Compartir sin perder. Aumentar al dar. Afirmarse al recibir
Por Martín Guédez


A riesgo de parecer ridículo -como decía el Che- la comunidad socialista se la juega en el amor. Cuantos ensayos socialistas han fracasado lo han hecho en el amor, y habríamos de admitir que hemos fracaso siempre a todo lo largo de la historia o no estaríamos donde estamos. La usurpación del poder popular comunitario por el partido (como por ejemplo, lo que se dio en la antigua URSS), el cristianismo a partir del siglo IV, o las desviaciones socialistas reformistas, han sido eso: un contundente fracaso en el amor. Tanto el Capitalismo de Estado -que nunca socialismo- como las morisquetas de socialismo con contenido capitalista han sido eso, una incapacidad manifiesta por mantener la tensión del amor a todo y a todos. El socialismo verdadero es amor y la mejor y única forma de manifestarlo es renunciando a ser explotador de los hermanos. El socialismo es amor a la madre naturaleza, es amor a la vida, es amor al prójimo, es amor y punto, o no es socialismo llámese como se llame.

El amor es una fuerza irresistible cuando es verdadero. El amor se dirige a la persona pero también a la comunidad. Una comunidad que es más que una suma de personas, que es un tejido de amores que se reúnen en función del bien común. El amor comunitario es siempre constructivo para todos porque no excluye a nadie y los contiene a todos, especialmente a los más necesitados.

La existencia humana es necesariamente comunitaria. El capitalismo contiene en sus entrañas un veneno absolutamente inhumano; todos los bienes que el trabajo humano genera son fruto del esfuerzo social en tanto que la apropiación de ese esfuerzo es privado. Esa contradicción insoluble del capitalismo jamás podrá ser superada por el sistema. No existe forma de que exista un capitalismo con rostro humano o un capitalismo humanista. La fórmula esencial del capitalismo provoca, promueve y estimula fatalmente el egoísmo. La cultura capitalista es destructora del sentir comunitario, aún el obrero o el campesino son forzados a competir entre ellos como una vía para encontrar un valor escasamente justo por su trabajo convertido en mercancía. El capitalista jamás podrá amar al que explota, ni interesarse por su vida salvo para mantenerlo apto para su explotación igual que se hace cuando se guarda, se limpia o se engrasa una herramienta.

El capitalismo sustituye la comunidad por instituciones formadas por consumidores y productores que homogeneizan sin comunidad lo que deriva necesariamente en la frustración social. La nación misma -la patria tan falsamente invocada por el capitalismo- no pasa de ser una entidad política donde la economía convierte a los trabajadores en una agrupación de miserables competidores por la producción y el consumo. La patria es invocada cuando se requiere que el explotado salga a luchar por los intereses del capitalista. La calidad de vida humana y sus relaciones están determinadas por el dinero. Algunas expresiones de solidaridad y amor colectivos aún podemos encontrarlas entre los pobres -en los barrios o los pueblos de campesinos- precisamente porque no tienen dinero y de esa forma salvan los valores comunitarios. Sólo entre los pobres el veneno capitalista del egoismo no alcanza a borrar totalmente el espíritu de comunidad. De allí que sean nuestras comunas los semilleros para construir el socialismo colectivo. De allí también que no podamos descuidar esta idea clave a riesgo de repetir errores y perder de nuevo este intento que hoy tratamos de construir en nuestra Venezuela y nuestro mundo.

A lo largo de la historia humana desde la aparición de la agricultura, la ganadería y con ellas la propiedad privada el lazo fundamental de unión comunitaria lo constituyó el lazo de la sangre. El capitalismo también se encargó de debilitarlo hasta hacerlo casi desaparecer en nuestros días. Si alguna institución humana ha sido castigada por el capitalismo con mayor saña, esa ha sido la familia. Nada o casi nada queda de aquella familia extendida garante de la transmisión de los valores humanos más simples y profundos. Nada o casi nada queda de aquella familia que cuidaba de todos sus miembros y transmitía valores tan firmes como para que no en vano, la gente pudiera identificarse como un “Martínez”, o un “Hernández”, etc., y además fuera absolutamente cierto. Nada o casi nada queda de ella porque su conformación era un obstáculo para la producción capitalista que exige la “libertad” del ser humano para ser explotado sin limitaciones ni barreras. La familia no tiene ninguna importancia para el capitalismo que necesita al ser humano convertido en productor y consumidor libre de inconvenientes, aún del “inconveniente” de la atención a los hijos. Basta ver como hoy existe una enorme proporción de casos en los cuales la familia se compone por la madre y los hijos, o por familias nucleares que apenas comparten en la noche un techo y no se ven en el día. Basta ver también como la mujer es subestimada y subvalorada por el empresario precisamente porque su vocación la hace ocuparse demasiado de la familia y los hijos haciéndola “poco confiable” porque será capaz de pedir permiso y no ir a su trabajo temprano si un hijo se le enferma o si tiene una cita en el colegio donde estudia.

Compatriotas: sin nada de familia es imposible la transmisión de los valores humanos más necesarios para la vida comunitaria. La persona se transforma en consumidora y productora -lo uno para lo otro- fatalmente cerrada en ese mundo absolutamente inhumano. La sociedad capitalista no se interesa (incluso no tolera)por la comunidad porque sólo le interesan los consumidores. Véase como a través de la publicidad se destrozan los valores familiares en aras de convertir a las personas en meros consumidores, sólo que los consumidores no forman comunidad; la gente que compra en un mismo automercado y utiliza el mismo jabón para lavar o el mismo shampoo no forman comunidad, incluso la gente que vive en un mismo edificio, no hay sino que ver la actitud de las personas cuando coinciden en un ascensor: ¡ni se miran!. Del mismo modo que -por más que se empeñen con su propaganda- la gente que trabaja para un mismo patrón o una empresa tampoco forman una “familia”.

Los Consejos Comunales, forma político-administrativa que a mí me gusta más llamar Comunas, tienen que construirse hilando el amor hasta hacerlo tejido solidario, familiar, identificativo del bien colectivo, hasta convertir la comunidad en una gran familia extendida. Todo el que se haya preocupado por formar comunidades sabe que esto, aunque natural al ser humano, dada la perversión cultural capitalista, es muy difícil. Todo en la sociedad capitalista lleva a separar y disolver los lazos de solidaridad porque le son ajenos, todo en el ser humano es naturalmente social; sin embargo, es muy importante reconocer que la primera miseria, el primer frío, la primera vez que se tiene hambre y la primera necesidad que se siente es la propia. Esto hace que el amor al prójimo, el quehacer colectivo deba cimentarse y construirse en la tensión de los valores espirituales superiores. El capitalismo los destensa, los coloca en un orden apariencial sin valor absoluto. El capitalismo atiende con diligencia esos instintos más primarios, estimula en las personas la búsqueda de satisfacciones propias sin que importen la de los otros.

Otra dificultad que tendremos es la de hallar personas que estén dispuestas a asumir la responsabilidad colectiva desde el ejemplo manteniendo unidas las comunidades. Debemos saber que no será fácil hallar esas personas capaces de insertarse en cuerpo y alma en las comunas. Muchos mantendrán el modelo de liderazgo creado por el capitalismo. Se convertirán en jefes y se rodearán de mayordomos que les estén plegados con devoción porque él les ofrecerá protección y figuración en la comuna; en otras palabras, tendremos el mismo modelo repitiéndose en sus esencias. Eso lo estamos viendo con insoportable frecuencia: gente que se desgañita proclamando su condición socialista pero cada día ascienden más en poder y dinero. Personas que incluso se van convirtiendo inexorablemente en censores y jueces de los demás abusando del poder que han ido acumulando, Torquemadas del Siglo XXI bien lejos del socialismo del mismo siglo. Hay que eliminar la tendencia al cacicazgo y la conformación de núcleos de poder para el propio beneficio y no para el bien y la unidad de todos con especial atención a los más débiles.

Cuando se disponga de estos apóstoles revolucionarios verdaderos, es necesario que ellos multipliquen en la comuna las acciones de bondad, de solidaridad y gracia porque serán verdaderas joyas para la emulación del colectivo. Se necesitarán misioneros con virtudes heroicas capaces de actuar transmitiendo el amor, alentando el amor comunitario casi en silencio, permitiendo que el amor fluya sin ocupar espacios. El socialismo no puede existir sin los Consejos, no puede avanzar sin las comunas. El capítulo 18 de San Mateo resume claramente esta virtud imprescindible de la comuna socialista. No tiene desperdicio este capítulo del Evangelio de San Mateo y algunas de estas ideas las podemos encontrar en el siguiente fragmento:

“Tengan cuidado de despreciar a alguno de estos pequeños, pues les digo que sus ángeles en el Cielo, contemplan sin cesar la cara de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo pérdido. ¿Qué les parece Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se extravía ¿no deja las noventa y nueve y parte a buscar la extraviada? Y yo les digo que, cuando por fin la encuentra, se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron” (Mt18 10-13)

¿Puede una comuna ser reflejo y célula de ese mundo nuevo si olvida al más pequeño?, ¿podría soportar en su ceno la existencia del niño sin padre, de la madre sin trabajo, de la anciana abandonada sin falsificar su naturaleza? En las comunidades se producen naturalmente diferencias entre sus miembros, algunos tienen más talento que otros o mejor disposición para el trabajo y por tanto se van haciendo más importantes en el grupo, lo que es socialista no es la igualación forzada entre los miembros sino la inversión de la escala de modo que el más fuerte reciba del conjunto menos porque menos necesita y en cambio el más débil reciba la atención de todos precisamente porque es naturalmente débil.

El gran obstáculo para el desarrollo de nuestras comunas surgirá de la ampliación de esas diferencias. Al hacerse el fuerte más fuerte irá tendiendo una barrera intraspasable para el débil. La comuna debe construirse sobre una justicia que no es la del mundo capitalista sino la del humanismo más puro. Una comuna siempre abierta, no encerrada sobre sí misma, abierta no sólo a la práctica del amor dentro del grupo sino abierta a todas las demás comunidades en su conjunto. Una comunidad que contagie sus logros hacia todas las comunidades hermanas. Una comunidad capaz de comunicar sus logros, sus señales culturales, sus costumbres, su estilo de convivencia, incluidas sus manifestaciones culturales y su propia historia. Lo que debe identificar a la comuna socialista es su capacidad para liberarse de las señales que la separen de las otras. Comunicar y compartir sin perder. Aumentar al dar. Afirmarse al recibir. Esa debe ser la característica de la comuna socialista.

CODIGO ESCUALIDO

CODIGO ESCUALIDO
Mario Forti


El escuálido sigue pautas que le impone el imperialismo disfrazado de gobierno democrático. En el fondo de su ser sabe que le mienten, le engañan, le usan como preservativo. El escuálido sigue a su pesar las pautas que más del 90 % de los medios de difusión (privados) reproducen las 24 horas del día, todo el año. Y digo a propósito, medios de difusión, porque no comunican nada, sólo difunden lo que viene del imperialismo como patrón esencial de la estrategia comunicacional del sistema capitalista, claramente en contra del proceso revolucionario socialista bolivariano. El escuálido está sometido a la más feroz de las dictaduras que la humanidad haya conocido porque no tiene alternativas, no ve alternativa al bloque mediático impuesto por el imperialismo mundial. Este se apoya en innumerables instrumentos tecnológicos dirigidos a “lavarle el cerebro” desde el vientre materno. Toda una cultura diseñada objetivamente orientan cada paso de su vida por la tierra, le ordenan hasta dormido. Vive engañado y confundido y reacciona como un zoombie ante palabras claves como “libertad”. Activa su mente disociada y sale a la calle pitando, golpeando cacerolas y volteando banderas, automáticamente. El escuálido se ha automarginado de su propia identidad para poder adoptar los mecanismo de identificación que le han inyectado desde afuera. Para ello el imperialismo cuenta con Hollywood, toda la red de imprentas de libros y revistas y periódicos, y la maquinaria propagandística de radio, televisión e Internet, un verdadero monstruo mediático que es el famoso GOLIAT cibernético del presente. Vaciado de su cultura y origen natural, está listo para ser llenado de uno virtual, con esta nueva identidad reconoce imágenes, sonidos, siglas, slogan, frases que le imponen una conducta determinada, es lo que llamamos robotización mediática (véase la dinámica de OTPOR y demás ejemplos mundiales) que termina por escindirlo psicológicamente, y consumar el estado mental de disociado que el imperialismo busca para carne de cañón contrarrevolucionario. Busca frenético los productos de marca internacional como NIKE, NOKIA, MOTOROLA, NESTLE, COCACOLA, COLGATE, CNN, CBS, que le visten, comunican, alimentan, asean, educan y forman multinacionalmente. Pero cuando le informan por algún medio que estas multinacionales son las causantes de desastres ecológicos, étnicos, de genocidio, y que están vinculadas a crímenes de lesa humanidad (como golpe de estados, secuestro y muerte de presidentes) no ve, no oye, no habla. Cuando por alguna fuente le informan que estas multinacionales son las verdaderas máquinas asesinas cuyo producto actual es un niño muerto cada 4 segundos en el planeta, entonces brinca para un lado, haciéndose el psicópata. El escuálido ha desconectado sus cinco sentidos de la realidad que tiene frente a sus narices, pero abarca con abnegada precipitación afectiva la realidad que viven otros ciudadanos en alejados rincones del mundo. Sufre como un verdadero “sentimental” durante dos horas de película que le muestran un acto de injusticia internacional, o mitológico, o histórico, y frente a su propia casa es indiferente al sufrimiento de un familiar caído en desgracia. El escuálido en realidad se autodesprecia, ha abandonado el propio origen y el entorno personal, para abrazar un falso futuro y un entorno social igualmente ficticio. Políticamente no puede razonar porque su intelecto ha sido absorbido por los medios privados de difusión, que piensa por él, siente por él, razona por él, su conciencia es la que el canal de televisión le proyecta. Al igual que los juegos de videos para niños y adolescentes el imperialismo ha creado un mundo escuálido cosmopolita. Es decir, un mundo que se ve reproducido en todas partes del planeta, tanto en Tokio, como en Paris, como en Estocolmo, como en Montevideo y Rio de Janeiro. Esto le hace sentirse “universal” o como lo diría uno que habla latín “católico”. Este juego mediático funciona con las conexiones determinadas para poder activar un mundo cuyas señales y código reconoce cualquier hijo de escuálida. Gusto, visión, tacto, oído, sabor están como en el ADN codificados para constituir una mentalidad escuálida lista para “reaccionar” cuando la maquinaria asesina (capitalismo salvaje) lo ordene. El ser escuálido (una verdadera realidad virtual) vive dentro de una menta escuálida cuya intención fundamental es reproducirse cual virus por todo el territorio nacional utilizando íconos y tergiversando recursos culturales autóctonos. Pero esto es así en Venezuela como en Indonesia, el programa se adapta a cada pueblo. El sistema operativo es siempre el mismo, desarraigar e introducir un patrón internacional que defiende los antivalores capitalistas que le han dado fundamento al imperialismo en todos los tiempos. Esta pseudo realidad que ve reproducida por doquier le confiere la posibilidad, al escuálido cosmopolita, de decir que todos piensan como él, acrecentándose así la realidad de que existe subliminalmente un adoctrinamiento unilineal, es lo que se ha dado en llamar pensamiento único. Frente a un mundo multipolar, diversificado, rico en manifestaciones culturales, políticas y sociales, se desarma, se disgrega, se disocia y reacciona frenéticamente apoyándose en su refresco negro, en su pasta dental con los colores de la bandera gringa, y rechaza la bandera tricolor de 8 estrellas, para adoptar una defensa estratégica de la tricolor de 54 estrellas. Sin origen, sin suelo, sin sangre, sin banderas, el escuálido baila al son que el laboratorio de la CIA le ponga. Este cliente del imperialismo gringo sigue las señales que la embajada más cercana a su domicilio emite. Pueden ser miembros de un sindicato, de una junta de empresarios, pueden ser estudiantes, amas de casa, transportitos, carniceros, panaderos, médicos, abogados, políticos, militares, profesores, no hay límite profesionales o de oficio para esta autoconversión escuálida. Como todo cosmos, el escuálido no carece de paraíso, ni de infierno. El cielo escuálido es Miami, y el infierno se llama Hugo Chávez.

Mforti9@cantv.net

El Ojo del Tigre

El Ojo del Tigre
Marcos Rodríguez


Jaqueline Faria

En el medio de la vorágine consumista con las que atosigan al pueblo está la epidemia de los celulares. Se han convertido en el centro de la existencia de tantos seres humanos de este país que asombra las horas y horas que permanecen pegados a sus pantallas en un ir y venir de mensajitos, en su gran mayoría intrascendentes. En carros autobuses, calles, restaurantes, doquier haya un humano está el adminículo ese con su ruidito exacerbante.
Sin embargo, en nuestro país al celular le debemos mucho, pues si no hubiera sido por él, estaríamos sumidos en la noche del fascismo más ordinario, ese que vistió de seda en Miraflores el 12 de abril y cuyos cuchillos afilaron para pasar a degollina a “todo lo que oliera a chavismo”. Ese uso superior que el pueblo dio esa vez al celular alertó a las multitudes y las movilizó para salvar esta Quinta República.
Y no es que pretendamos endilgarnos la primicia del “uso cívico” del celular, ya otros países echaron mano de él cuando fue necesario brincar el cerco mediático, como fue el caso de España y el atentado terrorista, cuando al gobierno le dio por rebuznar que se trataba de una acción de ETA, para sacar cosecha electoral de una tragedia terrible. Pero está visto: Una cosa es Aznar y otra cantar…
Sin embargo la República Bolivariana de Venezuela ha dado tremendos ejemplos de creatividad y sus logros, quiéranlo o no, tienen que reconocerlos, las misiones y sus estadísticas abrumadoras lo evidencian: millones de pacientes atendidos, millones de personas sacadas de la noche del analfabetismo, millones de compatriotas entregados a los estudios.
Ahora esgrimiendo el principio de la subsidariedad, el Gobierno Revolucionario apunta hacia la potenciación del Poder Popular con los Consejos Comunales, un mecanismo que instaura en el terreno popular el gobierno directo. Pero su organización no es cosa fácil, hay que embraguetarse con las dificultades: la incredulidad, la apatía, adecopeyanos cazando para alzarse con el poder y los reales, pero por sobre todo, con las dificultades de orden material que merman la capacidad de movilización.
En este sentido Jacqueline Faria, como lo hizo en Hidrocapital, ha demostrado tener el Ojo del Tigre, es decir, la visión nítida para el ataque certero a un “Problema Popular”: facilitar las comunicaciones a los voceros para acelerar la organización y funcionamiento de los Consejos Comunales; una prueba más de con un poco de imaginación se puede hacer un “manejo popular” de los productos, añadiendo un contenido diferente, sin seguir en ese consumismo grosero que impulsan las telefónicas (así, con acento).
Sí se puede crear un nuevo modelo social (es urgente), donde la producción se enrumbe hacia los millones de venezolanos, ávidos de bienes y servicios, sin estar embriagados por la codicia y el fetiche de la marca y la ganancia. Seguro eso nos va a alejar de la violencia y la corrupción.
Esta propuesta de mercado impulsada por Jacqueline Faria le ha dado un giro al asunto, ya que aunque parezca mentira, el celular además de ser un perolito frívolo del consumismo voraz, puede ser también un económico radio transmisor para la organización popular.

El Macaurelio.
elmacaurelio@yahoo.es

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 39 seguidores