Se olvidó de Piedad Córdoba
Añadido por Mundo/Johnson Bastidas domingo, 10 de febrero de 2008
El cocinero D’artagnan se “acordó” ayer, en su columna de El Tiempo de las mujeres colombianas. El columnista se preguntaba, sobre las posibles candidatas colombianas a la presidencia, entre las presidenciales, citó a la desabrida Noemí Sanín, embajadora colombiana en España, después de varias vueltas en su artículo, terminó, -como siempre ha sido, un lambón de las migajas del poder-recomendándonos la reelección del patrón de Palacio.
Con un titular sofistico, se preguntó sobre la existencia de mujeres presidenciales, sin lugar a dudas un pretexto, para tomar partido por la reelección Uribista. Este columnista, militante de la idea, según la cual, el modelo por excelencia del presidente que necesitamos, es Uribe, no tenía que dar tantos rodeos, ni utilizar la figura de la mujer colombiana, para escribir lo que ya sabemos. Se nos esta imponiendo la idea, con el mismo libreto de acabar con la guerrilla, de un tercer periodo de gobierno, bajo el imperio narcoparamilitar que dirige Uribe Vélez.
Pero lo peor no esta ahí, que haya olvidado a la única negra que puede gobernar Colombia, me refiero, sin duda alguna a la senadora Piedad Córdoba, es imperdonable. Su olvido no es gratuito, en este país tan racista y lleno de toda una fauna de lagartos.
El Tiempo y Semana le dedicaron una primera página, al ascenso a General a Luis Alberto Moore, lo presentaron como un hecho extraordinario, que un negro colombiano, el único de su promoción había llegado a General, “el primer negro General en Colombia”, decían. Esto demostró, cuanto racistas somos. Si no fuera así, porque tanto alboroto. Las elites colombianas no sólo han sido cipayas, excluyentes, sino también racistas. Nos socializaron en la idea, de que la población negra sólo podría sobresalir en el deporte; fútbol, pesas, atletismo o de pronto, en algún papelito de empleada del servicio domestico, en alguna telenovela. Incluso vimos, en la televisión colombiana, a algunos blancos pintados de negro para realizar papeles de personajes negros. El olvido de D’artagnan no es banal, se inscribe, en esa tendencia de ciertos discursos, vehículados desde los medios de comunicación para invisibilizar a ciertas personas que molestan.
A Piedad Córdoba la quieren invisibilizar en este país, desde la calumnia trapera, pasando por señalarla, primero del ELN, luego de las FARC-EP y ahora de apátrida. Macartismo puro. En éste país, donde los gobernantes le ponen lapidas a cuanto opositor se les cruza en el camino, esto es una condenación a muerte. Llueven voces, condenando a la senadora Córdoba por su labor de mediación en la liberación de los prisioneros del conflicto colombiano. Esas voces deben recordar, que fue Uribe quien la nombró facilitadora. Y ella, no sólo asumió el desafío de hacerlo, y de hacerlo bien, sino que obtuvo lo que los rescates militares de Uribe, no han logrado, que los prisioneros del conflicto regresarán con vida al seno de sus familias.
La senadora, ha demostrado con creces que tiene la verraquera, no sólo para ser presidenta de todos los colombianos, si no la consistencia y el compromiso que le han faltado a muchos seudos izquierdistas, que como Petro y otros, contagiados con el síndrome Lucho Garzón, se han quedado en la vera del camino, apartándose de las soluciones que el país necesita. Esos que tienen el modelo de Bachelet, y de Lula Da silva, la izquierda mimada por Semana y el Tiempo.
Por mucho que intenten invisibilizar a la senadora Piedad Córdoba, esta brilla con luz propia. Por eso se prepara ahora, duélale a quien le duela, a la próxima liberación unilateral de prisioneros del conflicto colombiano, por parte de la insurgencia.
Contrario a lo que podrían pensarse, es positivo que D’artagnan no haya mencionado a la senadora Piedad Córdoba en el abanico de mujeres presidenciables de Colombia, significa que esta por el buen camino. Contrario a lo que pasó, con Petro y con Lucho Garzón, los mimaron mucho en El Tiempo y en Semana y miren el camino que cogieron.

