Agradecimiento al gobernador Tarek William Saab y Mario Silva


En agradecimiento al gobernador Tarek William Saab y Mario Silva:
“Sastrería Nueva Esparta, una casa y muchas historias”
Negda Rodríguez de León

Me permito agradecer toda la atención y tratamientos médicos que ha tenido mi padre José Rodríguez, los cuales se hicieron posible después de haber llamado al programa La Hojilla el pasado 4 de Agosto de este año 2008.


A primeras horas de la madrugada del día 5 de Agosto mi hermana, Sol Rodríguez, fue contactada por Mario Silva y el gobernador Tarek William Saab, ambos expresaron que existía la disponibilidad de cubrir los gastos médicos de mi papá, y prontamente se hizo trámites a través de la gobernación del estado Anzoátegui. Mi padre, José Rodríguez, se encuentra hospitalizado desde el mismo día 5 de Agosto en una clínica en San José de Guanipa; recibe atención y tratamiento médico con todos los especialistas y equipos necesarios; además mis familiares han sido tratados e informados con gran profesionalismo.

Señor gobernador y Mario Silva, hemos querido expresar nuestro agradecimiento desde el mismo día que mi papá fue hospitalizado; mi mamá, Melida Mota de Rodríguez, ha estado muy pendiente de hacerles llegar sus palabras de agradecimiento, pero hemos estado un poco triste porque el diagnóstico de mi papá lleva a la decisión de amputación. Después de calmar nuestro corazón y poniendo en orden nuestros pensamientos, queremos expresar públicamente que ustedes atendieron nuestra solicitud con amor. Hago público este agradecimiento porque considero, como cristiana, que en cada situación que se presenta en nuestras vidas, hay una enseñanza en amor. Quiero compartir con ustedes y todas las personas que lean este escrito, mi experiencia del pasado Lunes 4 de Agosto e incluyo algo que me enseñó mi padre en mi niñez.

Mi papá, de 81 años de edad, padeciendo las enfermedades Alzheimer, diabetes y artritis, no había sido atendido debidamente en la clínica Santa Rosa de El Tigre (denuncia y reflexiones más detalladas que haré pública en escrito aparte, para organismos competentes), donde fue llevado por emergencia por una subida de azúcar en la sangre y una ulceración en un pie. El seguro médico sólo cubría trece mil bolívares fuertes para la intervención, de los cuales la clínica Santa Rosa ya había facturado siete mil ciento ochenta (7180 bolívares fuertes), pero los “especialistas”, que cobraron sus honorarios, en ningún momento tocaron el pie de mi papá para examinarlo, sólo se dedicaron a sacar las cuentas a ver si el seguro cubriría la intervención que presupuestaron en cuarenta mil bolívares fuertes. Sin dinero y desde el país donde vivo, no podía hacer otra cosa que hablar con mis familiares por teléfono y pedir ayuda a Dios en oración; pasé todo el día pidiendo a Dios que pusiera en el camino de mi padre una persona con un corazón bondadoso, eso era todo lo que necesitábamos. En la noche cuando mi hermano me dijo que mi papá estaba en la casa después de buscar sin éxito asistencia médica en diferentes lugares, y ya los tejidos de su pie estaban en un estado de necrosis, comencé a buscar números de teléfonos para solicitar ayuda de hospitalización y tratamiento. Era hora de comenzar La Hojilla, mi esposo y yo vimos por la red de computadoras el número de teléfono que ponen en pantalla; la línea siempre estaba ocupada, así que me arrodillé y oré a Dios, pedí un milagro. Soy cristiana y creo en que nuestras vidas se conducen en el espíritu del amor. Cuando fui atendida en La Hojilla por un joven, a quien agradezco también su interés en escucharme (lamento no saber su nombre), lo primero que le dije fue acerca mi oración a Dios, yo sabía que había encontrado en esa llamada la bondad que había pedido todo el día. Esa noche, Dios puso más de un corazón bondadoso en el camino de mi padre.

Hace algún tiempo escribí algo que lleva el título de este escrito, lo comparto con ustedes porque su respuesta y trámites para atención médica para mi papá fue algo que resume los valores humanos: Amor, un solo espíritu. Nuestro corazón es una casa para compartir nuestros valores. Gracias por abrir las puertas de su corazón a mi papá y toda mi familia. Pido a Dios los bendiga y los cubra con Su manto protector para que usted, señor gobernador Tarek William Saab, y usted señor Mario Silva, sigan expresando su amor y bondad desde las gobernaciones del estado Anzoátegui y Carabobo respectivamente.

Sastrería Nueva Esparta, Una casa y muchas historias

Mi papá nació en La Asunción, estado Nueva Esparta, es margariteño; a sus diecinueve años de edad salió de Margarita dejando a su hermano Miguel encargado del cuidado de los viejos y del conuco. Nos contaba mi papá que un día de regreso a la casa después de trabajar en el conuco, se adelantó a hablar con Miguel y le dijo que iría a El Tigre a buscar trabajo en la petrolera; las necesidades del campo lo llevó a tomar la decisión de salir de la isla.
Miguel era el mayor de los hermanos, pero tenían dos hermanas mayores Hipólita y Berta, mi papá es el cuarto hijo nacido de abuelo Luís y Prisca; el quinto hijo es Juan, luego María y por último Pablo.
De acuerdo con mis cálculos, fue en el año 1946 que mi papá, José, llegó a El Tigre, a muy pocos años de su fundación.
Después de decirle a mi tío Miguel su idea de viajar, preparó su mapire con algo para comer y amarró sus pantalones con un mecate delgado. Llegó a El Tigre sin tener lugar a donde ir, por lo tanto se quedó recostado de la cerca de la petrolera hasta el otro día. Trabajó en la compañía Menegrande por poco tiempo; luego trabajó manejando carros por pusto, y así ahorró dinero para construir una casa. Construyó una casa lo suficientemente grande para llevar a su familia a vivir en El Tigre.
Llegó el tiempo de traer su familia, y muy orgullosamente contaba que compró boletos en avión para mis abuelos, pero no sólo sus padres fueron a vivir en la nueva casa, también sus hermanos con esposas e hijos. Hipólita murió en su segundo parto, así que sólo sus dos hijos salieron de Margarita con el resto de la familia. Papá Luís y doña Prisca, como les decía mi papá al abuelo y la abuela, llegaron a vivir en la nueva ciudad, al igual que el resto de la familia.
Miguel era sastre y puso una sastrería siendo su ayudante Pablo; Juan era panadero y tenía un horno de ladrillos en el patio. María se fue a Caracas a estudiar; Berta, Gladis la esposa de Miguel y mi mamá cuidaban de los hijos de Hipólita.
Después de un tiempo, Juan comenzó a trabajar en la petrolera; Miguel estudió algo de contaduría. Todos comenzaron nuevas vidas y carreras de forma separada, pero el inicio de cada una de esas nuevas carreras y familias estuvo en una casa que fue construida por amor y el deseo de una persona de que cada uno de sus seres queridos tuviera una vida mejor de acuerdo a lo que se vivía en ese tiempo por la explotación petrolera.
La historia que contaba mi padre terminaba con el inicio de vidas separadas, quedando sólo como recuerdo los restos del horno en el patio y el nombre de la sastrería pintado en la pared frontal de la casa.
Mi papá no buscó estudios ni trabajó para enriquecerse en dinero, pero mantuvo su actitud de amor hacia su familia y amistades, siendo esa la principal razón por la cual siempre ha vivido en El Tigre; ayudó al cuidado de mi abuelo y abuela durante sus enfermedades que los llevó a la tumba; aunque sus hermanos no fueron tan dedicados como él, mi papá hacía lo que le dictaba su corazón por amor a sus padres. Llevó flores a la tumba de sus progenitores todos los domingos hasta que la artritis no lo dejó cumplir con su devoción y respeto hacia sus padres.
En el presente la enfermedad de Alzheimer se está llevando esta historia de la mente de mi padre, pero seguirá contada o transmitida en la vida de todas esas personas (hijos, nietos, hermanos, sobrinos, etcetera), todas las nuevas vidas y familias a quienes él mostró un camino para el sustento económico, pero que comenzó con amor y comunión. Queda ahora de parte de todas esas personas seguir mostrando amor y llevar vida, esperanza, hasta donde tengan alcance.
José Rodríguez Obando, Pérez Jiménez como le dicen y conocen muchos en El Tigre por ser uno de los fundadores de la línea de carros por puesto 23 de Enero, no fue ni es perfecto en sus actos, pero seguro que en un acto de amor y paciencia mientras me daba cuidado durante mis enfermedades, contó esta historia que quedó grabada en mi corazón y que en muchas oportunidades ha sido base para que yo tenga actos de bondad y respeto; actitudes que dan forma a los verdaderos valores de una sociedad.
Gracias papá.

Negda Rodríguez de León

 

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