Se impone el silencio mediático ante acusaciones recientes de Mancuso contra Uribe


Se impone el silencio mediático ante acusaciones recientes de Mancuso contra Uribe.

Caracas, 17 May. ABN.- Ante las acusaciones recientes del ex jefe paramilitar de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), Salvatore Mancuso, contra el presidente, Álvaro Uribe Vélez, el periodista José Vicente Rangel advierte que se impone el silencio mediático o se publican, a lo sumo, unas pocas líneas al respecto, debido a que esta vez la información se revierte contra personeros de la oposición.

Mancuso, en sus declaraciones, asegura que su organización apoyó al Mandatario cuando era candidato presidencial en 2002.

Para el comunicador social, el silencio mediático se produce porque este tipo de información se revierte contra personeros de la oposición, por lo que no tiene el mismo despliegue mediático que tendría en caso de que la información afectara al presidente, Hugo Chávez Frías, por ejemplo.

El planteamiento lo hace el comunicador este lunes, en su columna impresa El Espejo de José Vicente Rangel del diario Ultimas Noticias.

Rangel recuerda cómo entre 2002 y 2003 se conoció sobre unas reuniones de jefes paramilitares, entre otros, Salvatore Mancuso, Carlos Castaño, Rodrigo Tovar Pupo (alias Jorge 40), El Iguano, con militares y políticos venezolanos, tiempos en que ocurrió la famosa incursión en el país de más de un centenar de paramilitares, lo que tenía como propósito asaltar el Palacio de Miraflores y asesinar al presidente Chávez Frías.

“Los efectivos fueron concentrados en la finca Daktari , propiedad del cubano Robert Alonso, sórdido personaje reclutado por la oposición en los bajos fondos donde se mezcla la política con el delito, y se disponían a cumplir la misión usando uniformes del Ejército venezolano”, recuerda Rangel.

Asimismo, refiere cómo la oposición banalizó este hecho, “y los medios lo trataron con el cinismo que los caracteriza, y aún recuerdo las burlas que provocaban las declaraciones del Gobierno Nacional y el enigmático silencio del Gobierno colombiano”.

“Las versiones de lo sucedido se diluyeron en un caudal de comentarios manipulados. Sobre todo cuando se filtraron los nombres de algunos venezolanos que participaron en los encuentros en solicitud de apoyo”, señala Rangel.

De todo esto, lo fundamental para Rangel es la existencia de una conjura de venezolanos con los criminales de las AUC, que fue relegado a un segundo plano.

“Con posterioridad circularon otros datos de las reuniones, no fue sólo una sino varias, en localidades tanto de Zulia como de Colombia, y se conocieron nombres: el de un exgobernador, un banquero, un dirigente político, el expresidente de un gremio y militares de rango, unos retirados y otros activos”, apunta Rangel.

Actualmente se ha reactivado esta información con la snuevas acusaciones de Salvatore Mancuso, episodio “que tendría un despliegue mediático desbordante si, por ejemplo, afectara a Chávez. Pero como lo que confirman los declarantes revierte contra personeros de la oposición, entonces se impone el silencio o se publican, a lo sumo, unas pocas líneas”.

“¿Cuál es la novedad’ Para mi ninguna. Tan solo que todo cuanto circuló como rumor ahora lo confirma uno de los principales jefes paramilitares colombianos, Salvatore Mancuso”, sostiene el periodista.

Mancuso declaró desde la prisión en Estados Unidos, a la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia de Colombia, mediante teleconferencia, en los siguientes términos:

1º) Que militares y civiles venezolanos solicitaron los servicios de las organizaciones paramilitares bajo su mando, y de Carlos Castaño, para derrocar al presidente Chávez;

2º) Que el presidente Alvaro Uribe recibió el apoyo electoral de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC); que el Ejército, el DAS y la Fiscalía colaboraron con las AUC, y que el exministro de Defensa, hoy candidato presidencial, Juan Manuel Santos, le propuso tanto a él como a Carlos Castaño dar un golpe de Estado al presidente Ernesto Samper. En fin: una pelusa.

“No es que lo dicho por un jefe paramilitar sea santa palabra. Frente a lo que diga cabe la duda, más es indudable que personajes como Mancuso, Castaño, El Iguano, Jorge 40, Don Berna, son claves en el engranaje política-delito que se creó en Colombia.

“Los límites entre una y otra actividad, la delictiva y la política, prácticamente dejaron de existir. Esa relación mafiosa se extendió a todas las instituciones, tanto las privadas como las del Estado. El narcotráfico, el miedo a la acción guerrillera, la crisis social, conformaron un amplio telón de fondo de violencia y terminaron por erosionar el Estado de derecho. El catalizador de ese proceso fue el uribismo. El vientre podrido que parió el nuevo orden: la feroz repuesta del tambaleante establecimiento político-económico”, dice.

Para Rangel, “los paramilitares, usados al comienzo para la ejecución de las tareas más abyectas cobrarían, con el tiempo, fuerza propia hasta convertirse en factor clave de la violencia de Estado. Luego, cuando se tornaron incómodos y creció contra ellos el repudio nacional e internacional, fueron segregados. Con el lógico costo que tiene una operación de desembarco de este tipo. Todo lo conocen, y nada pierden contando lo que vivieron como protagonistas de excepción”.

El comunicador finaliza su escrito con esta reflexión: “¿Creerles o no creerles’ Ese no es el punto. Porque lo cierto es que saben demasiado de lo que ocurrió en Colombia durante los últimos años y de lo que, del otro lado de la frontera, se ha planeado contra Venezuela. Ahora, con la crisis que afronta el uribismo, se conocerán otros hechos comprometedores, y se sabrá el papel que algunos venezolanos jugaron y juegan en la siniestra trama”.

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