LUCHANDO CONTRA EL RRRRRREGIMEN Y METIÉNDOLE A LA DROGA Y AL LICOR


LUCHANDO CONTRA EL RRRRRREGIMEN Y METIÉNDOLE A LA DROGA Y AL LICOR
Fuente: Ensartaos

Altamira, Plaza de: El 6 de diciembre de 2002, en esta plaza, un portugués de nombre Joao Gouveia, que nadie sabe de dónde salió, comenzó a disparar a mansalva contra la multitud y mató a tres personas e hirió a por lo menos 19. El tipo había llegado el día anterior de Lisboa, e inmediatamente se trasladó a Altamira, drogado, con una misión muy específica.
Aquello iba a marcar el fin de una era, de una gran jarana nacional que mantuvo en vilo a todos los venezolanos durante cuatro meses ininterrumpidos. Los medios de comunicación quisieron convertir esta plaza de Altamira en el corazón de Venezuela. Casi lo lograron. Globovisión: allí estaba Gladys Rodríguez analizando las imágenes en las que Freddy Bernal aparecía en una concentración en La Campiña-PDVSA al lado del asesino Gouveia. Cada tres minutos repetían por Globovisión la matazón de Gouveía.

Altamira, Plaza de: Allí, a partir del 22 de octubre de 2002, comenzaron a concentrarse religiosamente los jefes de la rebelión, militares liderados por los generales Enrique Medina Gómez y Néstor González González, junto con 135 oficiales más. Habían jurado estos generales con otros oficiales no salir de la plaza hasta que Chávez renunciara a la presidencia de la república. Ese 22 de octubre, en cadena de televisión, el general Medina Gómez, rodeado de otros 13 oficiales, leyó una proclama en la cual se declaraban en desobediencia legítima -con base en el artículo 350 de la Constitución Bolivariana- y exigían la renuncia inmediata del Presidente, “como única salida a la crisis” que vivía el país. Aquel 22 de octubre, generó réplicas de terror en todo el país. Las movilizaciones en ciudades como Valencia, San Cristóbal, Barquisimeto y Maracaibo, provocaron trancas, quemas de cauchos y algunos heridos. A partir de ese 22 de octubre, cada noche, la gente del este de Caracas se ataviaba con sus mejores trajes casuales y se iban a la plaza Altamira. El general Néstor González González era el más requerido, rodeado de ricas hembras que le pedían les estampara su firma en alguno de sus senos. El éxito de aquella sublevación mediática fue tan estremecedor que para el 29 de octubre ya se habían declarado en desobediencia 10 generales de división, 14 generales de brigada, un vicealmirante, tres contralmirantes, 19 coroneles, tres tenientes coroneles, nueve mayores, tres capitanes, tres tenientes, un subteniente, cuatro sargentos y tres cabos.

La caída de Chávez para toda esta gente se hacía inminente, no pasaría de una semana, quizá de un día, a lo mejor en las próximas horas. En sus rostros resaltaba una felicidad contenida, y una expresión que corría de boca en boca, que no se cansaban de repetirse unos a otros, era: “El mono tiene los minutos contados”. La gente quería quedarse a vivir allí hasta que el “tirano” cayera, por eso algunas personas se instalaron en carpas para acompañar a los oficiales hospedados en el Hotel Four Seasons. Aquella gente no se imaginaba que le faltaban como mil batallas más, y que para todas ellas ya entonces la plaza no existiría: vendría lo de El Firmazo, El Trancazo, La Toma del Oeste, la Mesa de Negociación, el paro petrolero, etc.

Durante aquel famoso “goteo” de oficiales que se iban incorporando a la rebelión de Altamira, la televisión no respetaba la jerárquica disciplina militar: tenientes y sargentos cogían tanta pantalla, pidiendo la renuncia del Presidente, como cualquier general o contralmirante.

Altamira, Plaza de: Lo ocurrido el 6 de diciembre no sería la única masacre ni el único acto de terrorismo surgido de la “gesta libertaria” de la plaza Altamira. Brotaría de su numen la masacre de febrero de 2003 en la carretera Cupo-Araira, en el estado Miranda, donde liquidaron a balazos al personal de tropa: Félix Antonio Pinto Heras, de 22 años, distinguido de la Fuerza Aérea Venezolana, al sargento Darwin Argüello y a Zaida Gabriela Peroza López, de 28 años, Técnico Superior en Turismo.

El otro crimen surgido también del cerebro de la plaza Altamira fueron los atentados con explosivos que estallaron, la madrugada del 25 de febrero de 2003, en el Consulado General de Colombia en Chacaíto, en la Oficina Técnica de Cooperación de la Embajada de España, en la Castellana, así como en el edificio Teleport de Caracas. El cabo II de la Armada Nacional, Pedro Antonio Sifontes Núñez, confesaría ante la jueza 11° de Control, Deyanira Nieves Bastidas, que las muertes de los soldados Ángel Salas, Darwin Argüello y Félix Pinto y de las novias de los dos últimos, Zaida Gabriela Peroza y una menor de catorce años respectivamente, fueron ordenadas por el general de División de la Guardia Nacional, Felipe Rodríguez y por el coronel del Ejército Giuseppe Pilieri; por esta acción estos dos personajes pagaron 3 millones de bolívares en efectivo. Los crímenes fueron perpetrados debido a que los soldados estaban pasando información a los círculos bolivarianos de cuanto ocurría en Altamira.

Altamira, Plaza de: (De diario VEA) Para el director general de la Disip, coronel (Ej.) Miguel Rodríguez Torres, el 22 de octubre es producto de la decisión de Tribunal supremo de Justicia que rompió con la posibilidad de juzgar a quienes participaron en el golpe de Estado. Según su opinión, la firma del pacto de la Plaza Altamira entre la Coordinadora Democrática, el Bloque Democrático y la alianza militar, formaba parte de un plan articulado que buscaba un detonante violento, debido a que el paro general indefinido había fracasado.

Altamira, Plaza de: En esta Plaza se planificó la muerte de varias personas el 6 de diciembre de ese mismo año, se articularon los planes para activar las bombas colocadas en embajadas y consulados, la bomba que explotó en el edificio Caracas Teleport, la muerte de tres soldados, la granada que explotó durante la marcha del 23 de enero movilización que hizo el pueblo en apoyo a la gestión del presidente Chávez, las bombas colocadas en las sedes diplomáticas de Colombia y España; los explosivos colocados en las torres de electricidad en la población de Anaco, y el que fue detonado en el regimiento Guardia de Honor.

Altamira, Plaza de: En esta Plaza se produce una matanza el 6 de diciembre del 2002, provocada por los mismos directores violentos de la Coordinadora Democrática. Como consecuencia de este crimen, en algunas ciudades salieron caravanas opositoras a celebrar la inminente caída del régimen. No obstante, cuando los jefes alzados en Altamira empiezan a ver comercios abiertos, que el metro funciona, que la CVG y la propia Pdvsa no se paralizan, entonces deciden reforzar el expediente de la violencia, de la agenda oculta, para exaltar a sus seguidores y pedir al mundo que se acuse al gobierno de hechos de lesa humanidad.

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