La imagen de Rusia mejorará cuando los rusos abandonen sus intentos de mejorarla


La imagen de Rusia mejorará cuando los rusos abandonen sus intentos de mejorarla
Por: Natalia Afanásieva,

RIA Novosti

La tragedia en la región de Krasnodar, situada al sur de Rusia y afectada por riadas sin precedentes, plantea desde un otro ángulo el problema de la imagen de Rusia en el extranjero y los prejuicios sobre los rusos que predominan en Occidente y con los que se trata de acabar.

Según los expertos, para lograrlo es necesario dejar de reaccionar de forma tan sensible a estas ideas ficticias y ocuparse de la situación interna de Rusia en vez de promover su reputación a escala internacional.

La semana pasada, la agencia de información internacional de Rusia RIA Novosti junto con el periódico Moskovskie novosti celebraron debates dedicados a los prejuicios sobre Rusia y los rusos.

En principio los periodistas extranjeros que trabajan en Moscú y los especialistas rusos en materia de estrategias políticas preveían discutir las posibilidades de combatir estereotipos negativos sobre el gigante eurasiático que prevalecen todavía en otros países, de acuerdo con los cuales los osos viven mejor que la gente, los rusos no hacen nada sino beber vodka, se dedican al chantaje energético, la prostitución y malgastan el dinero fácilmente ganado.

Pero después de las inundaciones en la ciudad de Krimsk (región de Krasnodar), los debates se centraron en otro aspecto. Por ejemplo, para la periodista del diario británico The Guardian, Miriam Elder, la imagen de la Rusia contemporánea es más bien una colección de fotos difundidas tras la tragedia a través de las redes sociales.

A la izquierda, se puede ver a los funcionarios japoneses que inclinaron cabezas rogando a las personas de edad avanzada que les perdonaran por el accidente de Fukushima. Por otro lado está el bronceado gobernador de la región de Krasnodar, Alexander Tkachov, que dice que no pudo avisar a todos sobre la inminente inundación. “Es difícil mejorar la imagen del país sin cambiar su contenido”, dijo la periodista británica.

¿Los rusos siempre son culpables de todo?

Los extranjeros suelen asociar a Rusia con un país frío donde por las calles de las ciudades cubiertas de nieve caminan osos, todos los ciudadanos saben tocar la balalaika y beben vodka. Después de la desintegración de la URSS y las reformas políticas y económicas realizadas en Rusia, el modo estereotipado de percibirla ha cambiado un poco. Se añadieron rumores sobre la riqueza fabulosa de los “nuevos rusos” y la horrible mafia rusa y sobre el chantaje energético que sustituyó a la amenaza nuclear.

“Los extranjeros se han acostumbrado a las malas noticias provenientes de Rusia”, dijo en su época Anatoli Dobrinin, ex embajador soviético en EEUU.

Según las observaciones de Anatoli Dobrinin y Seda Pumpianskaya, jefa del departamento de relaciones internacionales de la Fundación Skólkovo, dedicada a la creación de un centro ruso de investigación e innovación similar al estadounidense Silicon Valley, los periodistas extranjeros prefieren publicar las noticias más negativas sobre Rusia para no frustrar las esperanzas de la audiencia.

Sin duda alguna es más importante cambiar la situación interna que solo la imagen del país, afirma Pumpianskaya. Según ella, la crítica es justificada. Pero la reputación de Rusia en el mundo es de hecho peor que la realidad, agrega la experta.

Cuando en la URSS empezó el proceso de reformas conocido como ‘Perestroika’, un abogado suizo, Karl Eckstein, abrió su propio negocio en este país. En 2007, desempeñó las funciones de primer cónsul honorario de Rusia en Zurich encargado de desarrollar la cooperación económica y cultural entre Rusia y Suiza. Una de sus misiones principales fue luchar contra los estereotipos sobre los rusos porque tales ideas no solo ofenden a los ciudadanos de Rusia sino también impiden al desarrollo del clima empresarial.

Karl Eckstein hizo observaciones interesantes después de la catástrofe aérea que se produjo sobre el Lago de Constanza en la noche del 1 al 2 de julio de 2002, cuando en el espacio aéreo de Alemania colisionaron un Tu 154 de las Líneas de Aviación de Bashkiria y un Boeing 747 de carga, perteneciente a la compañía DHL.

Al día siguiente del siniestro en el que perecieron 71 personas, incluidos 52 niños rusos, los medios de información occidentales publicaron las noticias con el siguiente contenido.

“El piloto ruso casi no sabía inglés y no pudo entender las instrucciones del centro de control de vuelos. Todos los aviones rusos son poco fiables. No están dotados de sistemas de seguridad y su estado técnico deja mucho que desear. Debido a la falta de recursos financieros no está prevista la recapacitación de los pilotos rusos y su nivel profesional es muy bajo. Sus salarios son muy bajos y se ven obligados a trabajar de noche como taxistas, por eso salen a trabajar fatigados y a veces borrachos. Las Líneas de Aviación de Bashkiria fueron creadas por la mafia rusa”.

Estas declaraciones no tuvieron nada que ver con la realidad. El nivel profesional del piloto fue muy alto. No se detectaron defectos con respecto al estado técnico del aparato. La investigación determinó que la causa principal del siniestro fue un error cometido por los controladores aéreos de la compañía suiza Skyguide.

“Pero se manifestaron todos los prejuicios ficticios sobre los rusos que prevalecen en los países extranjeros: negligencia, alcoholismo y mafia”, hizo constar el abogado.

Tecnologías obsoletas

Antes de la Perestroika, los habitantes de países extranjeros casi no conocían a los rusos. En la época de la guerra fría un ciudadano soviético tenía la imagen de un soldado con una capa gris, parecido a un robot, que tenía la mano temblorosa a causa de alcohol sobre el “botón nuclear”. Mis amigos me han contado que incluso en la Suecia leal les decían a los niños desobedientes que “un ruso viene y se te llevará”.

A principios de los noventa, un flujo de empresarios y turistas se dirigió al extranjero. En ese momento, a los prejuicios ficticios tradicionales se agregaron los nuevos: mafia, prostitución y Gorbachov. En los 2000 fue el petróleo, los oligarcas y Putin.

Hace poco, los rusos se rieron de una curiosa pieza de teatro que manifiesta prejuicios ficticios de los estadounidenses sobre una familia soviética donde todos los miembros beben vodka, incluido un oso, el niño y el abuelo que durante dos semanas hace cola con tarjetas de racionamiento, y que después de beber aún más vodka y escribir una denuncia al Comité de Seguridad Estatal (KGB) están calentándose cerca de un reactor nuclear tocando la balalaika.

Como nada en esta pieza corresponde a la realidad, a excepción de vodka en cierto sentido, se puede atribuir tales prejuicios ficticios a la ignorancia de las personas que los difunden y sonreír.

Pero lean lo que escribió en 2008 el asesor del Gobierno británico, Simon Anholt, que en su tiempo propuso el concepto de la marca nacional (Anholt Nation Brands Index):

“Hoy Rusia tiene la siguiente imagen en Occidente: chantajista energético, agresor con hábitos imperiales, la potencia que sigue asociándose con el comunismo, el país con mucha nieve y malos caminos donde el crimen está prosperando… Además de balalaikas, matrushkas y osos, las principales marcas de Rusia son el fusil Kalashnikov y cóctel molotov”.

Estos prejuicios son desagradables, pueden dificultar la recepción de un crédito en bancos occidentales y sería mejor librarse de ellos. Según Seda Pumpianskaya, esto deben hacer los expertos “sin fanfarrias y trucos mediáticos, sin propaganda agresiva, ya que estas son estrategias obsoletas”.

Según la jefa del departamento de relaciones internacionales de la Fundación Skólkovo, los expertos en ingeniería política de Rusia deberían ayudar a los periodistas extranjeros a encontrar historias positivas, entendibles para el mundo civilizado, que representen otra imagen de Rusia, su imagen humana.

En la prensa extranjera no se ha publicado ningún artículo abiertamente negativo sobre Skólkovo, por ejemplo. Mientras, a los periodistas extranjeros les puede sorprender tal ayuda.

La imagen tiene poca importancia

La periodista británica, Miriam Elder, se mostró sorprendida con la propuesta de mejorar la imagen de Rusia mediante artículos positivos. Según ella, hay una diferencia en la interpretación del papel del periodista. Le enseñaron que el periodista debe ser crítico y buscar conflictos en todos los acontecimientos que quiere describir. Esto se refiere a las noticias provenientes de cualquier país, incluido su país de origen.

Según la corresponsal de The Guardian, es de poca importancia la reacción de los ciudadanos de Gran Bretaña o EEUU a las acciones de las autoridades rusas. “Es importante solo la opinión de los habitantes de Krimsk [la ciudad más afectada por las inundaciones en el sur de Rusia]”, afirma Miriam Elder.

Jeffrey Tayler, escritor estadounidense, redactor de la revista Atlantic, corresponsal de la radio NPR y de otros medios de información estadounidenses, está de acuerdo con ella. “Los rusos centran demasiada atención en el desarrollo de su imagen. Esto se ha convertido en una obsesión”, afirma.

“Recuerdo, por ejemplo, que en la época de la guerra fría, todos en EEUU entendían que la URSS fue el primer país que lanzó al hombre al espacio. Estaba claro que a las autoridades de este país no les interesaba la vida de sus ciudadanos sino que tenían otras prioridades, como adelantar a EEUU en la exploración del espacio. Y esto se consiguió”.

Según Tayler, hoy en día es difícil entender las prioridades de las autoridades rusas y esto debe preocupar a los ciudadanos rusos mucho más que la imagen de Rusia en el extranjero.

Existen además numerosos prejuicios ficticios sobre EEUU, pero la mayoría de los estadounidenses no les hacen caso. Les preocupa más si el trabajo de su Gobierno favorece a los intereses de la sociedad estadounidense y si las autoridades aplican esfuerzos necesarios para lograrlo.

Si nadie piensa sobre nuestros intereses, los defenderemos nosotros mismos

Los rusos, tanto los ciudadanos comunes y corrientes como las autoridades del país, reaccionan de manera sensible a su reputación en el exterior y en reiteradas ocasiones intentan mejorarla por la fuerza y recurriendo a amenazas.

Por ejemplo, en la antesala de la final del concurso Eurovisión 2009 que se celebró en Moscú, durante el proceso de selección en Suecia se presentó una escenificación cómica en la que las chicas en bragas rojas con estrellas desfilaron acompañadas con una canción que a citó los nombres de tales líderes rusos de varias épocas como Lenin, Stalin, Putin y Medvédev.

La embajada de Rusia manifestó oficialmente su descontento y pidió a los suecos que no ofendieran los símbolos nacionales.

Mientras, para mejorar la imagen del país se pueden utilizar prejuicios positivos sobre la hospitalidad, la educación, la cultura, etc. Con frecuencia estos también tienen muy poco que ver con la realidad, como los osos con las balalaikas, pero tienen su lugar en el mundo.

Según Miriam Edler, los proyectos como ‘Ciudadano Poeta’ (dirigido a criticar a las autoridades a través de la poesía) podrían mejorar la imagen de Rusia en el mundo, demostrando que los rusos son libres y tienen talento. Tales cualidades se aprecian más que la fuerza, la agresión e incluso la riqueza.

Jeffrey Tayler informó que durante los últimos 15 años los rusos han interesado poco a los estadounidenses, así como a los ciudadanos de otros países. Lo más difícil hoy por hoy para un periodista que trabaja en Rusia es convencer al redactor jefe de la necesidad de publicar un artículo sobre Rusia.

Este interés creció un poco en diciembre del año pasado, cuando después de las elecciones parlamentarias en Rusia empezaron a celebrarse las acciones de protesta. Pero este interés se apagó rápidamente y los prejuicios tradicionales sobre la realidad rusa siguen predominando en EEUU.

Por un lado, es una lástima que Rusia haya dejado de interesar a los extranjeros. Por otro, es una buena oportunidad de centrar la atención en la situación interna. En particular, es necesario aplicar medidas para que la versión de que una ciudad fue inundada premeditadamente no se le ocurriera a la población en caso de un desastre natural.

Los ciudadanos deben estar seguros de que las autoridades han hecho todo lo posible para salvarles.

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